Erik J. PettersonPORTFOLIO
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Reflexión

Sobre la responsabilidad de contar historias que no son nuestras

Una reflexión desde el trabajo audiovisual en Santa Victoria Este, Salta: primero la persona, después su historia y luego el registro.

Equipo haciendo registro de campo en territorio indígena utilizando un drone.
Foto: Julia Ruttimann

Durante mi trabajo en el equipo regional de Comunicaciones de UNOPS para América Latina y el Caribe, participé, junto a colegas de la Oficina de Argentina, en una «misión fotográfica y audiovisual» en Santa Victoria Este, Salta. Una zona habitada por pueblos indígenas y criollos, donde muchas personas no ven cumplidos sus derechos fundamentales.

Lo pongo entre comillas porque es muy reduccionista hablar en esos términos. Conocer de cerca las realidades que viven las comunidades en su lucha por el derecho al acceso al agua es mucho más que sacar fotografías y grabar videos, o debería serlo. Antes de compartir las historias y los materiales logrados, quería detenerme a repensar la complejidad de contar historias que no son las nuestras, especialmente cuando son de personas con culturas diferentes a la nuestra.

Primero la persona, después su historia y luego el registro

Estos son algunos aspectos que considero relevantes:

  • Alejarnos de lo que tenemos en mente. Lograr la toma ideal queda relegado a un tercer plano. Primero está la persona, segundo está su historia y tercero está el registro.
  • Acercarnos como iguales. Parece obvio, pero no. Muchas veces en la práctica audiovisual se reproducen prácticas jerárquicas con aquellas personas que están dando su testimonio o abriéndose a contar su realidad.
  • Encontrar la similitud en la diferencia. Somos iguales, pero tenemos nuestras diferencias. Esas diferencias nutren y hacen que podamos aprender y compartir mutuamente.
  • Descolonizar la práctica. Dejar de reproducir narrativas y formas de ejercer la práctica que históricamente silenciaron a las comunidades es clave para una comunicación ética y respetuosa.
  • Reconocer nuestro rol. Como comunicadores y comunicadoras, producimos sentidos con lo que comunicamos. Sin importar el formato, la responsabilidad de contar la historia sosteniendo el sentido que las personas le dieron en su testimonio es parte fundamental de la práctica. Venimos a contar su historia, no a contar la nuestra a través de la suya.
  • Aceptar que puede haber frustración en sus relatos. En muchos casos, escucharon promesas que no fueron cumplidas. Si bien este proyecto de acceso al agua es un paso fundamental, sus necesidades van mucho más allá y siguen esperando soluciones en áreas críticas de su vida cotidiana.
  • Respetar el tiempo. Necesitamos respetar los tiempos propios de las comunidades, que usualmente son distintos a los nuestros, y aceptar el tiempo de sus respuestas, miradas y silencios.

Algunas acciones para llevarlo a la práctica

  • Establecer pautas con el equipo social y técnico que trabaja en territorio, antes, durante y después, es muy importante para hacer el acercamiento y registro de manera respetuosa. En este caso, en ese rol nos acompañó y enseñó un montón Celina Moreno Cordeu.
  • No sacar la cámara y los equipos hasta después de haber sido presentados y tener el consentimiento explícito de las personas para brindar su testimonio o ser registradas, sin excepciones.
  • Presentarnos como iguales, recordar que nadie es más ni menos que nadie, cuidar las formas y adaptarnos a las suyas, ya que estamos en su casa, territorio y cultura.
  • Reconocer que estamos en su territorio y que sus dinámicas y costumbres deben marcar el ritmo de nuestras interacciones y las formas de relacionarnos.
  • Si preguntamos algo, pensemos cómo nos sentiríamos si nos lo preguntaran a nosotros mismos. ¿Estaríamos en capacidad de responder? ¿Nos sentiríamos cómodos explicándolo? Fue clave en esto el trabajo de Julia Rüttimann al formular preguntas, repensar y repreguntar.
  • Dar la posibilidad de expresarse en su propio idioma. Si están hablando en un idioma ajeno, poder expresar sus ideas en el propio es tan importante para ellos como lo sería para nosotrxs.
  • No apresurarse al llegar, ni al irse, ni al preguntar, ni al responder. Los tiempos fuera del sistema productivista al que estamos acostumbrados tienen otro compás y es necesario respetarlo.
  • Reconocer que no somos perfectos y podemos cometer errores. Por eso es siempre importante «vigilar» y reflexionar sobre nuestras acciones en la práctica.

Las voces, los tiempos y los sentidos

Contar historias, aunque complejo, es muy importante. Es una forma de acercar sus realidades, aun con limitaciones, a otros lugares y personas, para que quienes toman decisiones puedan entender la importancia y urgencia de abordar estas problemáticas. Pero no por eso tenemos piedra libre para que el abordaje sea invasivo, colonialista e irrespetuoso.

Al contrario, tenemos la responsabilidad de que el proceso de contar esas historias sea siempre con el mayor respeto, empatía y conciencia, reconociendo que son ellos y ellas quienes mejor pueden narrar sus vivencias. Nosotros solo facilitamos los medios, pero las voces, los tiempos y los sentidos son, y deben ser, siempre suyos.

¿Qué agregarías como buenas prácticas a la hora de trabajar con personas que viven realidades distintas a las nuestras?

Sumo una: trabajen con un equipo como este, que haga que el trabajo, además de responsable, consciente y significativo, se vuelva una experiencia recordada con una sonrisa.

Un trabajo compartido

Esta misión fue un hermoso trabajo conjunto con Julia Rüttimann y Erika Mack, del equipo de Comunicaciones de la Oficina de UNOPS para Argentina; Celina Moreno Cordeu, del equipo Social; y Luis Ariel Oggero, del equipo Técnico/Constructivo. Por mi parte, aporté desde el equipo de Comunicaciones de la Oficina Regional de UNOPS para América Latina y el Caribe.


Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente personales y no reflejan la posición oficial de UNOPS ni de ninguna otra entidad con la que esté relacionado.

Equipo de la misión en Santa Victoria Este, Salta, Argentina.
De izquierda a derecha: Luis Oggero, Celina Moreno Cordeu, Erika Mack, Julia Rüttimann y Erik Petterson.
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